miércoles, octubre 19, 2011

Stillwaters retreat - Waikanae

La playa de Waikanae está situada en Kapiti que es la costa este al norte de Wellington. Para llegar allí es una hora de viaje en auto y si es en tren un poco mas.

Ya había estado por esta costa en otras oportunidades, lo especial de esta vez fue compartir un fin de semana de retiro con la comunidad cristiana Still Waters.

From Stillwaters retreat - Waikanae
No pregunté pero pienso que el nombre de la comunidad Still waters está basado en los dos primeros versos del Salmo 23.

"El Señor es mi pastor,   
nada me puede faltar. 
Él me hace descansar en verdes praderas, 
me conduce a las aguas tranquilas"

From Stillwaters retreat - Waikanae
Cuando hice estas fotos era invierno. Era temprano a la mañana con el sol recién calentando.
From Stillwaters retreat - Waikanae
Apenas una brisa fresca, los únicos ocupados las gaviotas procurando alimento luego de la marea
From Stillwaters retreat - Waikanae

Un fin de semana entre amigos reflexionando y buscando formas de cuidar y nutrir a quienes se acercan a Stillwaters en medio de necesidad.

Ver mas fotos en:

Stillwaters retreat - Waikanae

miércoles, abril 27, 2011

Un poco de reflexión

A modo de alimentar el alma y reflexionar también acerca de las cosas del día a día estoy leyendo un excelente libro de reflexiones diarias: Bread for the journey by Henri Nouwen. Copio sin permiso el siguiente texto que leí hace un par de días: (mas luego me haré tiempo para traducirlo)

Page 132. Fulfilling a mission

"When we live or lives as missions, we become aware that there is a home from which we are sent and to which we have to return." ..... "When the message has been delivered and the project is finished, we want to return home to give an account of our mission and to rest from our labours" ... "One of the most important spiritual disciplines is to develop the knowledge that the years of our lives are years 'on a mission'. "

From Easter in Taranaki

viernes, marzo 11, 2011

Folklore en Movimiento

Here's the people who with I've been walking step by step the places where the dance is a simple and spiritual expression of my/our roots here in earth and above in heaven. Great friends I'm journeying with even though not always is possible to experience in person each other.

Enjoy the few following snapshots of what we understand dancing is. Not a show, nor a performance, rather a humble gathering and invitation to celebrate life.

Chacarera de fuego - Chacarera of Fire



Chacarera con postas - Chacarera with relays



Another perspective


Reconocimiento a Ariel - Acknolewdging Ariel's committment and hard work



Hip hop folklorico - Just fun and relaxing



Chacarera Ritual 2010 - A journey of joy and community

miércoles, marzo 09, 2011

Leyenda maori, Rata y el árbol de Totara


En tiempos remotos, en una tribu de Aotearoa (Nueva Zelanda), vivía un joven llamado Rata. Cada mañana Rata veía a los pescadores de su tribu empujar dos wakas (canoas) por la playa rumbo al mar. Una vez en el agua las wakas se alejaban mar adentro en busca de la provisión diaria de alimento. Ya por la noche a su vuelta los pescadores regresaban con sus wakas llenas del producto de la pesca.


Si bien Rata disfrutaba de todo aquello se daba cuenta también que la cantidad de pescado no era suficiente para alimentar a su tribu. Un buen día se dijo a sí­ mismo: "Debe haber alguna manera de traer mas pescado para alimentar a nuestra gente" y pensó con mas claridad: "iré al gran bosque de Tane para buscar un árbol suficientemente grande. Lo cortaré y haré con él una waka mucho mas grande y resistente que las que tenemos. Cuando esté terminada tallaré en su casco las historias antiguas de mi tribu. Será una gran waka que llevará con orgullo muchos hombres y abundante pescado para alimentar a todos"

Al dí­a siguiente de madrugada, Rata se levantó apresurado y se dirigió hacia el gran bosque de Tane. Buscó por varias horas entre árboles imponentes y respetables, hasta que sus pasos lo llevaron a los pies de un formidable árbol de Totara. Rata alzó sus ojos y sonrió complacido al verlo inmenso en su altura que tocaba con su copa el azul del cielo del mediodía.

Sin perder tiempo comenzó su labor. Blandió el hacha y empezó a dar golpes certeros al gigante. Una y otra vez las astillas de madera escapaban del filo cortante. Pasaban las horas y el sudor empapaba a Rata pero no a sus ánimos jóvenes y fuertes.


Cuando la luz de la tarde anunciaba la noche, el magní­fico Totara crujió en su fortaleza y se derrumbó con estrépito en el bosque. Rata extenuado del esfuerzo descansó su herramienta y vio con orgullo el fruto de su primer día de trabajo. Satisfecho y antes de la caída de la noche regresó a su casa.

Al dí­a siguiente muy temprano Rata salió a continuar con su plan, esta vez empezarí­a a moldear en el tronco la estructura de su gran waka. Caminaba entusiasmado de vuelta al lugar del Totara derribado. Sin embargo, cuando llegó, para su gran sorpresa el gigantesco árbol ya no estaba en el suelo sino de pie allí­ frente a él. Formidable y erguido como si nada hubiera ocurrido. Rata no lo podí­a creer. "¿Habré estado tan solo soñando?" se decía una y otra vez "Pero ¡Se sentí­a tan real!"

Trataba de explicarse una y otra vez lo sucedido pero no salía de su perplejidad. Finalmente y con resolución decidió no rendirse y abandonar el sueño de su gran waka y comenzó otra vez su labor con el hacha. Para el fin de l­a tarde, una vez mas el inmenso árbol rompió con estruendo la quietud del bosque en su caída. Rata, esta vez con una mezcla de cansancio y perplejidad se dirigió a su casa a descansar luego de la dura jornada.

A la mañana siguiente muy temprano volvió al mismo lugar y para su asombro el magní­fico árbol de Totara estaba nuevamente de pie con toda su corteza intacta y fresca como el primer día. Ahora sí­, Rata estaba furioso y convencido de que alguien estaba burlándose de el, algo insoportable para su orgullo juvenil. Entonces pensó en un plan.

Trabajó todo el dí­a como los anteriores y ya cuando la noche caía el imponente Totara se desplomó otra vez. Rata recogió todas sus cosas y caminó como volviendo para su casa. Se alejó lo suficiente hasta que los sonidos de la noche lo escondieron y eligió ocultarse entre unos arbustos pequeños y esperó hasta el caer de la noche profunda.

Pasaron horas en el bosque y las estrellas ya reinaban en lo alto. De repente el silencio nocturno se rompió al canto y vuelo de muchas aves, tal si fuera mediodía. Rata intrigado por el alboroto se asomó detrás de un viejo tronco y para su asombro vio lo mas fantástico que jamas se hubiera imaginado. Miles de insectos y aves del bosque colocaban en su lugar cada pequeño pedazo y astilla del árbol que el hacha habí­a cortado. También estaban allí los patupairarehe, los niños mágicos de la noche cantando una karakia (oración) a Tane. Así­, ante los ojos incrédulos de Rata, lentamente el gran árbol de Totara se ponía en pie nuevamente.

Rata temblando de emoción por semejante visión salió de su escondite y preguntó: "¿Por qué me hacen esto? ¿Dí­ganme se los suplico?" Al instante todos se detuvieron sorprendidos. Perplejas las criaturas del bosque miraron a los ojos de Rata y luego de un silencio dijeron en voz suave: "Hacemos esto porque no pediste permiso a Tane el dios del bosque, nosotros somos los guardianes del gran bosque"

Rata calló y no supo que decir pues estaba avergonzado. Recordó que en su apuro por construir su waka, había olvidado pedir permiso a Tane antes de entrar a tomar algo su bosque. Su corazón entonces se llenó de tristeza y sin mas palabras dio media vuelta y caminó de regreso a su casa.

Al dí­a siguiente, con los pensamientos mas claros reflexionó y pensó que tal vez Tane escucharía su petición. Entonces cantó una karakia disculpándose por su descuido y pidiéndo permiso para hacer del gran árbol de Totara una waka que llevaría el alimento necesario para todos en su tribu.

Una vez hecha su karakia Rata calló y esperó. Cuando la quietud del silencio parecía inundar las esperanzas de Rata llegó una brisa que acarició su cabeza en un suave remolino. Así­ Rata entendió que Tane le respondía con su aprobación.

Esta vez, para cuando Rata llegó al lugar del árbol de Totara, el gigante ya se encontraba yaciendo en el suelo del gran bosque. Los pájaros e insectos ayudaron a Rata a trabajar la roja madera de Totara. Juntos formaron el casco y ahuecaron la frondosa madera. Los patupairarehe cantaron nuevamente una karakia de arte y Rata veía como sus manos tallaban hermosas formas que contaban el gran pasado de su tribu.


Así­ el gran Totara se convirtió en una formidable nave. Adornada con arte la gran waka llevaba con orgullo a los hombres de la tribu. Esta vez Rata navegaba con ellos sentado en la proa rumbo hacia el océano en busca del sustento para su tribu.

viernes, marzo 04, 2011

Panorámicas de Wellington

Subiendo la colina al oeste de la ciudad por el lado de Crofton downs, mas o menos unos 400 y pico de mt. snm. Vegetación baja con arbustos de espinas duras y flores muy pequeñas. Desde casi la cima, mirando hacia el este se alcanza a ver gran parte de Central Wellington con sus suburbios que van desde Newlands hasta Brooklyn, y muy a lo lejos al otro lado del harbour esta Eastbourne.


Esta vez si desde la cima mirando hacia el sur la cadena de colinas de Makara y el creciente número de molinos de viento que integran la wind farm de Wellington. Detrás de las colinas, muy lejos asoman en la distancia las montañas de isla Sur.

Girando hacia el este continúa la hilera de molinos agitando sus aspas al viento. Las colinas de Makara marcando el borde de Isla Norte.
Como un desierto celeste el Mar de Tasmania anticipando la geografía de Isla Sur en el fondo. Picton y alrededores.


Para lograr las panorámicas hice una serie de fotos sin trípode. En modo manual para prevenir cambios de colores y enfoque. El collage de fotos casi perfecto es gracias a Hugin panorama creator y Gimp. Obviamente todo corriendo en Ubuntu.