En medio casi de la nada está el Chateau. Parece ser un lugar muy coqueto y con su lujo y clase por dentro.
Cuando pasamos por allí un día despues de nuestro memorable tramping, quisimos darnos el gusto de tomar un café solamente por curiosidad. Pasamos a la parte de cafetería, nos ubicamos en las mesas y cuando pensabamos que ya estabamos por ser atendidos, se acerca una moza para aclararnos que por alguna razón nos estabamos sentando en el lugar no indicado. Así que nos movimos a otro lugar que no era malo pero no era lo que queríamos.
Curioso incidente, nunca había visto algo así aquí en la pacífica, tolerante y multicultural NZ. Queriendo todavía disfrutar de la linda tarde con un café, cambiamos rápidamente los planes y nos mudamos al bar de la vereda de enfrente a saborear nuestros cafés en una mesita rústica al sol rodeados de lindo verde.

Bueno, y esta fue la casa que nos alojó por los días de Semana Santa. No será el Chateau con su arquitectura y sofisticación pero tiene lo suyo. Dos hogares a leña, living alfombrado super cómodo para quedarse hasta las quinientas. Cocina amplia, vista natural a los bosques de los alrededores. Agua caliente, duchas y baños para todo el mundo. Un lujo, 5 estrellas en pocas palabras.
Pero por sobre, la diferencia la hicieron quienes la habitaron por esos cortos días de Semana Santa. Con ustedes los trampers invencibles:
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1 comentario:
I see you're in good company my friend! The best for you!
Kum
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